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12 de junio de 2010

En progreso: arquitectura para terminar en 2010 (6)

Actualidad / Arquitectura / Patrimonio / Nacional


Con el fin de abrir una pequeña ventana al futuro cercano de la arquitectura colombiana, A57 empezó a preguntarle a algunas oficinas por las obras que terminarán este año. A continuación hacemos la sexta entrega de los proyectos que hemos recibido: un prototipo de vivienda ecológica desarrollada a través de un material y un sistema alternativo de construcción llamado “eco paneles” y un proyecto de recuperación de un Bien de Interés Cultural de carácter nacional en Cartagena, cuyo puerto, fortaleza y conjunto monumental es patrimonio de la humanidad. 

La prefab_Cabaña, Prototipo de vivienda 
Hábitat sin Fronteras, www.habitatsinfronteras.org
Vivienda
18m2 hasta 30m2
Fecha de inicio de vivienda piloto: Mayo - Junio 2010



Prefab_cabana T2.  Imagen entregada por Habitat sin Fronteras

Prefab_cabana T1.  Imagen entregada por Habitat sin Fronteras

Felipe González:  “El prototipo de Prefab_ cabaña es  una búsqueda alternativa que se enfoca en aglutinar cuatro aspectos del hábitat: lo formal, funcional, social y ambiental. Técnicamente la cabaña busca durante su proceso de elaboración la reducción al máximo de materiales de alto consumo energético tradicionalmente usados: metales y mampuestos. Frente a esto la organización Hábitat Sin Fronteras empieza el proceso investigativo para el desarrollo de un sistema alternativo de construcción de bajo costo y bajo consumo energético. Se termina desarrollando un sistema de eco-paneles que evitan el uso de refuerzos metálicos reemplazándolos por esterillas naturales de bambú y cuya estructura principal está compuesta así mismo por un entramado de bambú que dota la Prefab_ cabaña de estabilidad según los prámetros  de la NSR 98 y una estética interior diferente en proyectos de vivienda  económica. La Cabaña se establece como un proyecto que busca poner en evidencia la necesidad de incluir a los sectores menos favorecidos dentro de la dinámica de la vivienda justa y ambientalmente responsable. Teniendo en cuenta que las comunidades más vulnerables son las mayores constructoras de ciudad - la ciudad informal - incluir dentro de la baraja un prototipo de vivienda Eco (Económica + Ecológica) empieza a insertar dentro de los mayores  asentamientos urbanos semillas de cambio que buscan difundir un sentido de habitar espacios y estructuras respetuosas no solo con quien las vive sino también con el medio ambiente que las acoge.”

Circo Teatro de La Serrezuela, Cartagena
Barrera y Barrera , Arquitectura y Restauracion S.A., www.barreraybarrera.com
Centro Comercial -Cultural  y Turístico 
Inicio obra: Julio 2010

 Foto antigua.  Imagen entregada por Barrera y Barrera.

Estado actual.  Imagen entregada por Barrera y Barrera.

Álvaro Barrera: “El proyecto se gestó por iniciativa privada entre el grupo  inversionista  Luxus Group  S.A. y la oficina de arquitectos. El proyecto intenta conjugar dos objetivos: Salvar el monumento, manteniendo su vocación de plaza de espectáculos  y  hacerlo rentable y auto sostenible. Se planteó entonces el diseño de un centro comercial de alto nivel, un hotel de pequeño formato y un sitio de espectáculos, para conciertos, desfiles, etc., de dos mil puestos, un espacio con el que la ciudad no cuenta.”

Render del proyecto.  Imagen entregada por Barrera y Barrera.

Render del interior.  Imagen entregada por Barrera y Barrera.

Los invitamos a enviar sus proyectos a info@a57.org

6 de abril de 2009

Patrimonio Cultural y Ciudad: ¿Del diagnóstico a la acción?

A57/ Reseña/ Eventos / Bogotá

El pasado 5 y 6 de Marzo se realizó en la sala Oriol Rangel del Planetario Distrital el “Seminario Patrimonio Cultural y Ciudad, Segunda Fase”, organizado por la Universidad Nacional de Colombia y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de la Alcaldía Mayor de Bogotá. A57 estuvo presente en cuatro de las diez ponencias.

Por: Ana María Pinzón


Izquireda. Promocional del evento “Seminario Patrimonio Cultural y Ciudad”
Derecha. Algunos asistentes al Seminario tomando un descanso


La idea de un seminario sobre patrimonio cultural y ciudad es sin duda interesante -y necesaria- en una urbe que está en medio de la tercera revisión del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y que últimamente ha enfrentado varios casos que revelan una franca dificultad para enfrentar el manejo del patrimonio cultural inmueble y arqueológico, tales como Villa Adelaida, la casa Pérez Norzagaray, la necrópolis encontrada en Usme, la casa quinta del barrio Santa Ana Sur, el Seminario Mayor y el aeropuerto Eldorado, por nombrar los casos más sonados y controversiales.

Sin demeritar el esfuerzo realizado por la Universidad Nacional y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y teniendo en cuenta que el objetivo planteado era ser “un espacio de análisis promovido por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de la Alcaldía de Bogotá para entender hacia dónde debería enfocarse la revisión del POT en lo relativo a cultura y patrimonio”, fue desconcertante ver que un evento como este no se contaba con la presencia oficial de entidades que son imprescindibles en esta discusión: el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, la Secretaría de Planeación, el ICANH, la dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura, así como otras entidades que deben actuar como órganos consultores en el tema-la Sociedad Colombiana de Arquitectos, Regional Bogotá y Cundinamarca, el DOCOMOMO Colombia, el ICOMOS Colombia, la Sociedad de Mejoras y Ornato, y las universidades que tienen programas de especialización y de maestría en patrimonio como la Gran Colombia, el Externado, la Javeriana y por supuesto la Nacional.

Con ponencias del economista Fernando Cuenin, el arquitecto Fernando Ramírez (en reemplazo de la arquitecta Liliana Bonilla), el arquitecto Juan Carlos del Castillo, la arquitecta Olga Lucía Ceballos, el arquitecto Francisco Jácome, el antropólogo Edgar Bolívar, la arquitecta María Isabel Tello, la arquitecta María Cecilia Garcés, la arquitecta Juanita Barbosa y el arquitecto Luís Carlos Jiménez –tal vez demasiados arquitectos-, el seminario planteó cuatro ejes temáticos que parecían refrescantes alternativas para tratar el tema: Patrimonio, economía y desarrollo, el patrimonio y la planeación en Bogotá, la impronta cultural en el territorio de la ciudad y la conservación del patrimonio construido.

Del tema patrimonio, economía y desarrollo asistí a dos ponencias. La primera, "Patrimonio Cultural y desarrollo socioeconómico: la recuperación de áreas centrales históricas" del economista Fernando Cuenin, representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), expuso de manera clara y concisa, cómo el patrimonio cultural tangible e intangible en los centros históricos –con el caso de Quito como ejemplo bandera- puede empezar a plantearse como un activo que, por su naturaleza social y cultural, justifica la inversión e intervención pública –en equipamento, infraestructura, subsidios para vivienda y programas de bienestar social y cultural con la comunidad directamente implicada- como detonante para la inversión privada.

La ponencia a cargo del arquitecto Fernando Ramírez sobre la situación patrimonial de la ciudad de Cali –a pesar de caer en lamentos y quejas sobre lo que se perdió y lo que se puede perder- logró sembrar la duda acerca de la viabilidad de cambios de uso drásticos en un sector de interés patrimonial como el barrio Granada en Cali, que pasó de ser una zona residencial a una zona “rosa”, teniendo en cuenta que ahí lo único que se conservó es, por mucho, las fachadas.

Del eje el patrimonio y la planeación en Bogotá asistí a la ponencia del arquitecto Juan Carlos del Castillo, que tuvo como plato fuerte las contundentes preguntas que formuló al final de la presentación: ¿Los sectores urbanos patrimoniales han sido conservados y dinamizados durante los 9 años de vigencia del POT?, ¿Es conveniente ampliar el repertorio del patrimonio cultural, si los logros con el patrimonio construido no han sido satisfactorios?, ¿Se está creando nuevo patrimonio en la ciudad? Las preguntas -seguidas por un contundente silencio- quedaron por ahora sin respuestas, esperando quizá el balance que Planeación haga de ellas. Sin embargo, quedó la impresión de que las políticas y los instrumentos de planeación en el tema patrimonio ya tienen una base y que realmente más que modificarla habría que desarrollar las estrategias y proyectos para obtener resultados visibles, como los que se obtuvieron en el caso del espacio público.

La arquitecta Juanita Barbosa en su ponencia "El patrimonio cultural inmueble en Bogotá: problemas recurrentes en su conservación", inscrita en el eje "la conservación del patrimonio construido", trajo a colación un abultado número de problemas, que iban desde temas macro como la inadecuada estructura institucional existente en Bogotá para abordar el tema, hasta temas micro como las vallas y rejas que se instalan en los bienes de interés cultural para afrontar problemas de inseguridad de la ciudad. Progresivamente los temas se convirtieron en una serie de quejas y reclamos a la administración, un diagnóstico que hacía difícil pensar en soluciones, tanto para lo macro como para lo micro.

Lo cierto es que, a pesar de que algunas de las ponencias cayeron en lugares comunes ya desgastados, sin duda alcanzaron a flotar suficientes ideas que pueden ser importantes para fortalecer el enfoque del patrimonio cultural en el POT, con miras a que definitivamente haya más acción que diagnóstico y más práctica que teoría, en base a las experiencias exitosas -y viables- que se han desarrollado ya al respecto.

Esperemos que en la tercera fase del seminario, ojala evitando la ocasional “cuña” al respectivo programa académico, se trabaje más sobre la interdisciplinaridad y la responsabilidad compartida del patrimonio -de las autoridades, de la comunidad, de las organizsmos consultores, de los desarrolladores inmobiliarios y de los profesionales especializados- como motores para desarrollar estrategias, programas y proyectos exitosos que concilien la conservación arquitectónica y urbana, el bienestar social y el provecho inmobiliario.

Ana María Pinzón es editora jefe de A57

20 de marzo de 2009

Eldorado como un asunto de negocios

A57 / Opinión / Bogotá y Cundinamarca

Nuevos acontecimientos en el caso Eldorado: la posible inclusión del edificio en la lista de bienes de interés cultural del Distrito Capital será discutido en el Consejo Asesor de Patrimonio. Juan Luis Rodríguez argumenta que la conservación del edificio, antes que de leyes, debería depender de la combinación de aprecio por el edificio, opinión pública y sensatez por parte de las partes, dirigidos a ayudar que el consorcio Opaín pueda renegociar el contrato que lo obliga a demoler el edificio.

Por: Juan Luis Rodríguez*

Celebro que Elsa Koppel y la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá se vinculen al tren de la conservación del edificio Eldorado. Considerando que la estrategia que ha venido siguiendo el trío Opaín-Aerocivil-Ministerio de Transportes es el silencio, el hecho de que Koppel haya logrado que Juan Alberto Pulido haya dicho "algo" en El Tiempo el 18 de marzo, así sea negativo, es todo un acontecimiento. En El Espectador del mismo día también fue noticia Eldorado, pero ahí no hay nada que celebrar, precisamente porque el silencio patrimonial sí se hizo presente. Aunque la eventual carrera entre detractores y defensores va siendo ganada -de lejos- por los demoledores, el edificio todavía está en pié.

Ante la propuesta de promulgar una nueva ley, hay que comprender que cualquier cambio a estas alturas pone a la defensiva al más bienintencionado, aún si no le conviene. En el artículo de El Tiempo, Pulido sugiere -no argumenta sino apenas sugiere- que es “tarde” para una declaratoria de conservación. Si se quiere que las cosas empiecen a mejorar, habría que empezar por reconocer que la declaratoria tiene por lo menos tres años de retraso, y que dados los términos contractuales, el reclamo de extemporaneidad de Pulido y Opaín pone la razón de su lado. Sin embargo, tener razón no significa que las cosas no puedan cambiar; pues e ellos también les convendría reconocer que así como el contrato los ampara, la feroz cláusula de las multas del mismo, también los tiene contra la pared.

No obstante, la solución del problema por medio de leyes llevaría a continuar dentro del círculo del poder y el dinero, cuando podría, y a mi modo de ver debería, convertirse en un asunto de patrimonio, razón y dinero. Para comenzar, antes que forzar, habría que convencer a Opaín, sobre la pertinencia de la conservación. Tampoco persuadirlos por cuanto ello implicaría llevarlos a actuar sin convicción, sino convencerlos de la importancia del edificio y del potencial económico que para ellos podría traer el cambio de planes. En consecuencia, con la esperanza de lograr un agregado mayor de argumentos, propongo inicialmente los siguientes:

1. Dada la dureza de la Aerocivil con el tema de las multas, si Opaín se mostrara favorable a la conservación, esta voluntad podría servirle al consorcio para renegociar los términos del contrato; y simultáneamente, para obtener un beneficio económico del mismo edificio; además de eludir el maleficio económico al cual están condenados.

2. El beneficio empieza por la posibilidad de negociar las multas y continúa por evitar los costos de la demolición. Al eludir la demolición, no tendrían que hacer otro gasto, simplemente porque el edificio nuevo tendrá todo lo necesario y el área libre después de la eventual demolición está destinada al parqueo de seis aviones. Si esta cantidad de parqueos es indispensable, utilizar Catam sería más lógico que demoler Eldorado. Subrayo “más lógico”, y lo digo en lugar de “más simple”, dada la supuesta intransigencia de los militares. Pero los militares también entienden de lógica y seguro que alguien con el temple adecuado los podría convencer. Con persuadirlos sería suficiente pero valdría más si se gana como Gandhi, por puro convencimiento.

3. Si el beneficio para Opaín empezaría con la negociación de las multas y la evasión de costos de demolición, podría concluir con negocio que puede resultar de la reutilización del edificio mediante una eventual concesión. por ejemplo, con una cadena hotelera. De cierto punto en adelante, el terminal se convirtió en un estorbo dentro del proceso de diseño, esencialmente porque el esquema “moderno” de funcionamiento en dos niveles del nuevo aeropuerto, no se acopla al sistema "anticuado" de Elviejo. Dado lo avanzado del proceso de diseño, se debería aceptar que para terminal aéreo, como para la declaratoria de conservación, también puede ser tarde. En cambio, para un uso complementario todavía hay tiempo de sobra.

En últimas, lo que habría que lograr es una cadena de convencimientos que empiece por Opaín, es decir, por Juan Alberto Pulido, quien evidentemente está al mando de un problema muy gordo. Pero Pulido, además de la capacidad para silbar y subir las cejas cuando las circunstancias se lo permiten, también ha mostrado disposición para enfrentar la situación cuando ha sido necesario. Si Opaín, es decir, si Pulido se convenciera y le viera posibilidades económicas a la conservación, aumentarían las posibilidades de cambiar el rumbo del proyecto. No está de más recordar que estamos tan cerca de la primera multa, como estamos de lejos del primer piquetazo o bombazo, según la técnica escogida para la demolición.

Las vías legales, dadas las circunstancias, no son el camino más adecuado. En cambio, la vía de la racionalidad, la fuerza del mejor argumento y la vinculación del sujeto llamado “opinión pública”, se deberían adoptar como premisa y como política por parte de todos los interesados. Insistir en la legalidad y en una normatividad a posteriori sería jugar con las armas equivocadas, pues la ley está del lado de la Aerocivil y, aparentemente, de Opaín. Pero en realidad, la ley está en contra de Opaín y del edificio.

Tal como el contrato se lo permite, y para el caso, se lo exige, la Aerocivil está haciendo lo que debe hacer: rendir las cuentas del caso y anunciar la ejecución de las cláusulas. Lo está haciendo y lo seguirá haciendo, considerando que el contrato dice, y ahora exige que el terminal sea demolido. Sería una mala política proseguir como si esto fuera un asunto de leyes, y no de sensatez, aprecio por el edificio y opinión pública. Y desde luego, también un asunto de negocios.

Juan Luis Rodríguez es arquitecto investigador y profesor vinculado a la Universidad Nacional y la Universidad de los Andes.